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Bitácora personal de delirios en multimedios. © Todos los derechos reservados.

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No es una chica corriente –para un santacruzano no debería–, es una de mis coterráneas, joven colchagüina de Santa Cruz, tampoco vive en plena ciudad, sino más bien cerca del campo, así como deseamos vivir todos los aspirantes a huaso y amantes de esta tierra que nos vio nacer y crecer, aunque incluso hemos emigrado; en mi caso no puedo dejar de venir cada vez que puedo. Ahí apareció ella, en Santa Cruz, con una determinación pocas veces vista a su edad por aprender de algo que no tiene porqué, en su caso la fotografía. Porque ganas pueden tener muchos, pero ella tiene determinación, estudió, leyó libros, hizo un curso, puso a la venta su vieja cámara y fue por una réflex. ¿Entonces qué hace frente y no tras el lente?

En ese escenario mi aún no destruido ser se cruza con María José, hablamos de nuestra pasión por la imagen, sin embargo ella tenía una faceta más –relacionada–, le gustaba ponerse frente a la cámara… en su casa era la “modelo”, según me contó. Fue ahí cuando me convencí –ya lo sabía– que tenía la sonrisa más hermosa que se iba poner frente a mi lente, dueña de una dulzura que emergía del dibujo de sus labios en su rostro de forma tan simple, tan espontánea… Era tan sencillo para mí captarla en las fotos, me bastaba decir cualquier tontera para que ella soltara un esbozo de simpatía que pintara en su cara aquella linda sonrisa para captar el conjunto de características permanentes e invariables que hacen de ella lo que es y que no podría poner aquí en palabras… con orgullo la presento como mi colega, también como mi modelo.

En uno de esos diálogos donde no sabes qué parte es en serio y qué parte es en broma, le decía que cuando sea vieja y fea ya no será mi musa, solo será mi colega favorita, porque como fotógrafo no puedo tener musas feas… y ella me dice: “Yo nunca seré fea”.

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Así te conocí maldita niña, tanta incredulidad al verte frente a mi cámara tras ver llegar a una pollita que no llamaba mucho la atención, hasta que te vimos convertida en rock star, una atractiva mujer que cruzó la puerta de mi home/studio. Sino hubiese creído que pasaría jamás te hubiese invitado a participar de esto… aquella chica que sus fotos me paralizan cada vez que las miro.

Muriel, aquella niña que a veces me deja fotografiarla para recordarnos quiénes éramos y quiénes quisimos ser, la niña que ahora piensa y crea como artista; algo mucho más de lo que queríamos, algo fantástico. La primera que me llevó a dar un paso más hacia la estética femenina, hacia enamorarme de lo que ella quería mostrarme de sí y quitarle a todo esto un nombre y un apellido.

Bastantes años ya desde que conozco a Muriel. Cuando ni siquiera había tomado una cámara para fotografiar como un profesional, cuando aún ni tenía el título de periodista… solo era un tipo que al conocerla vio algo sin descripción, una niña que podía ser de aquellas chicas que nos enamoran cuando vemos sus retratos.

No quiso ir por el camino del modelaje cuando aún era una niña, pero siempre ha tenido guiños a ese mundo. Ahora tiene una visión propia, alejada de la industria, es una profesional que estudia y crea, que evoluciona, pero sin embargo, de vez en cuando nos invitamos como modelo y fotógrafo a obtener imágenes como estas, que nos recuerdan porqué nos conocimos.

Constanza, había inaugurado esta serie fotográfica por allá en octubre de 2015, la misma chica del pelo verde que rebozaba de frescura, pero que sin embargo sentía algo triste dentro de sí que a veces logramos distinguir solo cuando miramos por horas y horas aquellas fotos indescifrables, eso me ocurrió; entendimientos quizás nublados por la belleza que no nos dejan ver más allá. Pero aquí la tenemos otra vez, en blanco y negro… volviendo a mirar.

Tiene ese poder, una chica que se pasea por la calle como cualquiera, que no llama la atención más que como una pequeña y delgada chica con algunos tatuajes, pero esa simpleza destaca en estas fotos, sin esos paños que cubren su piel; dejan libre su personalidad que parece solo mostrarse cuando el aire por fin envuelve sus poros.

Hace un par de semanas nació Amalia, una pequeña y hermosa bebé de cabellos colorinches, que solo unos días antes de nacer estuvo frente a mi cámara, una panza enorme, que les presento en este hermoso recorrido de imágenes de su mamá, su papá y su hermanita Amparo.

La belleza del embarazo de Catalina, su naturalidad, sus muecas y el cero uso de maquillaje son lo que le dan su identidad a estas fotografías.

Como fotógrafo, lo he dicho cientos de veces, debes enamorarte de tus imágenes, de aquellos rostros, de aquellas expresiones, de aquella simpleza. Una vez más caigo rendido.

Jocelyn, colorina, de las auténticas, que llevan aquel gen de piel pálida, cabellos rojizos y anaranjados. La conocí por esos vínculos que genera Facebook entre fotógrafos y modelos. Ya habíamos hecho fotos antes, pero esta vez ella me dijo: “quiero fotos de mi espalda desnuda”.

Les presento aquí mi selección de diez imágenes que hice con esta anaranjada modelo.

Jocelyn es tan dulce que pronto me daré una vuelta por su departamento con mi cámara, una vez más. Colores naturales como los que tiene sobre sí no se pueden abandonar.