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Bitácora personal de delirios en multimedios. © Todos los derechos reservados.

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Aquella noche pude haberme comido una bala de pastel de cumpleaños.

Mire en su cabeza la ampliación de una casa a medio levantar, ladrillos a la vista, pisos en bruto, piedras y arena cubriendo todo, sacos de cemento tirados, materiales de construcción… de noche, sin ningún tipo de iluminación. Así era el lugar que la noche del domingo 26 de noviembre de 2017 era testigo de como dos delincuentes me ataron de pies, piernas, maniataron por la espalda, amordazaron, apretaron con una enorme caja de herramientas de casi un metro de alto contra un muro, mientras me inmovilizaban boca abajo contra el suelo. Sobre mí además pesaban sacos de cemento, palos, tejas y varios materiales de construcción. Si tenía la osadía de moverme podría llegarme un disparo o acentuar la violencia; Esto ocurrió en mi propia casa, en Santa Cruz, el día de mi cumpleaños.

Soy periodista, editor de un medio de comunicación local llamado “Al Día 24”, por lo tanto, muchas veces –y no solo aquí en Santa Cruz, sino que a lo largo de mi carrera en Santiago– me ha tocado estar del otro lado de los hechos, pero nunca ser el protagonista de una situación policial como la que contaré ahora, menos lo esperé vivir aquí en Santa Cruz, mi pueblo. Lo que leerán en estos párrafos no es más que mi crónica personal de la violencia e intimidación que se vive en esta pequeña ciudad, hechos que mucha gente no da a conocer y que he considerado importante contar –lo que a mí me ha pasado–, para que simplemente sepamos el lugar donde los santacruzanos estamos parados.

Todo comenzó el domingo a eso de las 22:45 horas, era mi cumpleaños número 36, no lo celebré, pero sí pasé a la casa de mi amigo y socio Julio Fernández, director de “Al Día 24”, con quien tuvimos una simpática charla y coordinamos algunos trabajos pendientes de la semana. Más tarde tomé mi auto y me fui conduciendo a casa, siendo exactamente las 23:50 estaba frente al portón que da acceso a los estacionamientos de mi casa, presioné el botón del control remoto para abrirlo y poder entrar… hasta ese momento estaba pasando piola mi día de cumpleaños, solo faltaban 10 minutos para acabar el día y ya estaría de guata en la cama… ¡Pero no! Estacioné el auto, con una mano tomé un pequeño bolso donde llevaba varias pertenencias, al interior mi billetera incluso, y en la otra mano las llaves y el celular. Cuando puse ambos pies bajo el auto se me abalanzan dos tipos, totalmente vestidos de negro, con pasamontañas, cada uno con una pistola y además uno de ellos con un fierro, una herramienta llamada “diablito”. Estaban ocultos detrás de un vehículo que se estaciona a un costado del mío. (más…)

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