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© Todos los derechos reservados. Bitácora personal de delirios en multimedios.

Cuando conocí a Chelss me dijo “yo no pololeo (estar de novia), vivo con alguien, tenemos sexo, nos queremos, pero es solo eso.” Me invitó a su taller, que era básicamente un rincón entre el fregadero y montones de artículos de aseo en un departamento que arrendaba, distinto de donde vivía. En aquel lugar le gustaba pintar, pero ese día se sacó la ropa, e invadimos el resto de los rincones.

Se metió en una habitación que no era de ella y comenzó ahí a sacarse la ropa. Agarró todo lo que encontró, había una máscara de la fiesta de la Tirana, se la puso, y con ella nos enseñó sus pechos por primera vez.

Entró al baño, se miraba en el espejo mientras yo seguía disparando, luego entró a la ducha, pero antes volvió a lucir sus pezones frente a mí.

El cabello y estilismo lo hizo Francisco Le-Bert, maquillaje por Paula Paz Orellana. El señor Le-Bert ya murió, pero es parte de su legado a la estética y a la libertad sexual.

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